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ATENAS, Grecia.- Los disturbios continúan en la capital griega. Apenas llevo dos días aquí y es el segundo día consecutivo que me encuentro en medio de protestas civiles en la calle en contra de las medidas de austeridad anunciadas por el Gobierno.

Esta manifestación fácilmente puede confundirse con una fiesta pueblerina. Hay un estrado donde músicos tocan piezas exóticas con tintes griegos y asiáticos. Una mujer toma el micrófono y empieza su discurso. Emotiva, la multitud responde mientras ella levanta el puño en señal de triunfo. Le sigue un tipo barbado y gritón.

Huele a kebabs y en los puestos ambulantes hay filas para consumirlos. El tráfico está cerrado a los automóviles, abundan pancartas y lonas con leyendas en griego que quisiera poder leer. Una guapa mujer mira de frente a un uniformado y no alcanzo a descifrar si su mirada quiere retar, seducir o intimidar.

Me trae a Grecia mi romance con su cultura y su mitología. Quiero ver la tierra de Sócrates, Platón y Aristóteles. Quiero subir al Acrópolis, ver el templo de Efaistos, visitar museos bizantinos y comprar figuras de Hermes, Apolo, Afrodita y Atenea. Quiero beber ouzo, comer mucha ensalada griega y ponerle aceite de oliva hasta a las galletas.

En los pequeños comercios hay que regatearlo todo. Un señor que maneja su comercio de souvenirs junto con su esposa me dice que en su tienda no hace falta negociar porque todo tiene el 50 por ciento mientras señala los letreros distribuidos por la tienda.

Apunto a unas pequeñas figuras de yeso con los bustos de filósofos y dioses y como quiera le pido un descuento adicional argumentando que le compraría unas 5 ó 10. Se me queda viendo serio y me dice en un inglés mocho: "Te doy lo mejor que puedo, según lo que vayas a comprar". Como tengo todo el día para ver tiendas, le digo que volveré más tarde y sigo mi camino, no sin antes llevarme en la memoria los precios.

Subo la colina hasta el Partenón y el calor parece lumbre. De ahí me paso al nuevo museo del Acrópolis, visito más comercios y compruebo que los precios del señor son mejores. Regreso a la tienda casi 7 horas después y le compro mis figuras.

¿Por qué la tienda al 50 por ciento?, le pregunto. Me dice que la situación no es buena, que el Gobierno es un desorden, que no puede ser más que pesimista con lo que viene.

Grecia se ha convertido en una bomba de tiempo y es quizá el síntoma más evidente de la situación actual en Europa. Es la tercera crisis reciente, después de Islandia e Irlanda y parece confirmar una tendencia a la baja.

Portugal, otro de los peyorativamente llamados PIIGS (siglas en inglés de: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España), ya cumple una década de ajustes y sigue con sus políticas de austeridad.

El siguiente en la lista es España. El Fondo Monetario Internacional estima que su economía se contraerá nuevamente este año un 0.4 por ciento, después de una caída del 3.6 por ciento en el 2009. El desempleo español es cercano al 20 por ciento y es el más alto de las economías desarrolladas (la novena del mundo).

El ratio de deuda a PIB en el 2009 es del 63 por ciento en el caso de España, contrastando con un 120 por ciento en el caso de Grecia y el 87 por ciento de Portugal.

El viejo continente luce confundido y cansado. La Comunidad Europea apenas crecerá, según el FMI, el 1.0 por ciento en el 2010. Algunos analistas incluso opinan que se acerca el fin de la dominancia europea. El sentir generalizado es que la diferencia entre las culturas como la griega y la alemana, la francesa y la portuguesa, acaban por imponerse a la hora de buscar acuerdos.

Por ejemplo, Alemania goza de una sólida posición financiera en su cuenta corriente, lograda a base de disciplina y productividad, y no desea ponerla en riesgo para rescatar a otros países que considera irresponsables.

Las reformas estratégicas que recurrentemente se mencionan para re-energizar a Europa son bastante parecidas a las de cualquier otra región o país: la reforma del sistema educativo, la legislación sobre la mano de obra de inmigrantes, la coordinación de política económica, y la inversión en investigación y desarrollo.

Mientras que por otro lado el emergente poderío de Brasil, Rusia, India y particularmente China (conocidos como los BRIC) parecen configurar el siguiente polo de influencia y sus economías se antojan más vivas e innovadoras.

Países y regiones del mundo luchan por salir adelante y procurar narrativas de éxito y progreso.

En medio de todo esto, no dejo de pensar en México y de preguntarme a dónde vamos como país y cómo encajamos en el contexto mundial.

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