La Gran Idea

Una mala idea bien ejecutada es un dispendio de recursos; una buena idea mal ejecutada es una lástima; pero una mala idea mal ejecutada es toda una tragedia.

El problema de las grandes ideas es justamente su tamaño. Existe un pensamiento mágico detrás de la gran idea y es que una vez que se entienda y se ejecute, todo cambiará; todo será diferente, bueno, bello; justamente del tamaño de la gran idea.

Y sigue el despilfarro de dinero, infraestructura, horas-hombre, además del desgaste, la desconfianza y la frustración: el Renaut en México (Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil), caótico e impreciso en su primera fase, busca ahora recabar nombre completo, nacionalidad, copia de identificación y huellas dactilares.

Por más penoso que sean este tipo de medidas, lo interesante es que cada empresa tiene su propio (s) Renaut (s), donde fácilmente se observa el mismo patrón:

Una grandiosa idea se le ocurre a un grupo reducido de ejecutivos, encerrados en sus oficinas centrales, resguardados por bellas asistentes que sirven café, aislados del mundo real, confundidos y abatidos con los problemas actuales, buscando sentirse que "algo están haciendo", sin un claro diagnóstico ni lucidez respecto a los problemas relevantes en el campo de batalla.

Luego, atrapados por el group think (cada miembro del grupo conforma su opinión hacia el consenso del grupo), anuncian y despliegan la gran medida sin cuestionarla.

Allá, en el fondo de la gran idea, todo radica en la suposición central: al tener un registro de teléfonos móviles los delincuentes no van a delinquir y/o se les va a tener controlados; una suposición demasiado grande e inocente.

Es que esta suposición a su vez tiene otras: la base de datos va a estar al día -algo carísimo y de excelencia en gestión o de plano enlazarse directamente con las bases de datos de los operadores (algo cuestionable y temible)-, además de suponer que: los delincuentes van a dar datos reales, no van a robar teléfonos, no podrán pagar teléfonos de otros países o satelitales, no van a detectar las infaltables fallas y huecos del sistema, no van a extorsionar y no van a poder hablar entre ellos.

Ahora bien, suponiendo que las suposiciones, y las suposiciones de las suposiciones, fueran acertadas, sigue la ejecución. Y es aquí donde usualmente radica el principal problema, tanto para las buenas como las malas ideas.

Aparte de los errores en implementación, que de por sí activan una resistencia reprobatoria, la inercia atrapa a la iniciativa, el hábito protesta y se impone.

Los ejecutivos, al ver la pesadilla en la que se metieron, entonces presionan más, amenazan con despidos, reprimendas, consecuencias. Buscan a todas luces decir "no estoy mal", buscan justificar su decisión y la racionalidad se sale por la ventana activándose la terquedad.

En este punto la discusión ya no es si la medida vale la pena o no, si soluciona un problema o no, si se puede construir a partir de esta idea y mejorarla.
Si finalmente, la gran idea acaba siendo vencida, los ejecutivos quedan expuestos. El sistema dice: "ja, ja, ja", los subordinados confirman que "los de arriba" son ineptos, y, al igual que los adolescentes, se burlan de las figuras de autoridad.

Pasa el tiempo y los problemas siguen, y nuevamente, los ejecutivos, aislados y desconectados, sacan otra gran idea.

Y, aunque ahora efectivamente sea una buena idea, a la organización ya no le importa, ya se hizo escéptica, incluso cínica. Esto le resta fuerza al liderazgo y al cambio organizacional. Con cada falla se complican más las nuevas iniciativas.

El liderazgo queda impotente y con poca credibilidad. La desconfianza se apodera del ambiente y el sentido de logro se apabulla.

Y el ciclo se repite. Hasta que las empresas van perdiendo competitividad frente a empresas más efectivas, astutas y sobre todo flexibles.

Y regresando al Renaut, ¿y ahora qué?

En la decepción, la impunidad y la desconfianza, se abre el espacio para un Mesías que bien puede ser brillante y efectivo, pero también falso, hueco, corrupto o loco, pero que tiene la suerte de llegar en el timing preciso.

¿Qué les hubiera costado darle otra pensada al Renaut? Además, las grandes ideas hay que implementarlas en chico: en todo caso habría sido de utilidad un piloto en algún poblado para validar la idea y la ejecución; aunque esto no necesariamente hace a la idea buena.

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Minuto a minuto

Horacio Marchand

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