El Caballo, El Jinete y El Centauro

Aprendemos de las historias porque los conceptos se simplifican cuando apelamos a figuras con identidades y características.

En este caso, el caballo se refiere a la empresa o entidad sobre la cual nos montamos, el jinete a las habilidades que se tienen para maximizar el potencial del caballo, y al Centauro le llamaré a la fusión casi mágica entre los dos.


Respecto al caballo, los hay buenos y los hay malos (en resultados). Un buen caballo es un negocio que consistentemente deja dinero independientemente de las prácticas administrativas o gerenciales.

Este tipo de negocios están en el momento indicado en el lugar indicado y se utilizan frases como “vende sólo”, “escoge a los clientes”, “es un suertudo”. Subirse a un buen caballo puede representar el trabajo más importante y definitivo de la carrera o empresa de alguien.

 



Un mal caballo es como una mula terca y negada. Independientemente del desgaste y la inversión de recursos, no se mueve y reniega.

Respecto al jinete, también los hay buenos y los hay malos. Un buen jinete es un emprendedor o directivo, hombre o mujer, que parece reunir los ingredientes necesarios para liderar al negocio hacia el éxito.

Mientras que el mal jinete no capitaliza y no potencializa al caballo convirtiéndose en en una oportunidad perdida.

Definida la analogía del caballo y el jinete, aquí las combinaciones.

Un buen caballo, un mal jinete.
• Tiempo.- Dependiendo de qué tan grande sea el nicho que está satisfaciendo, con nada o poca competencia, éste negocio puede aguantar décadas.
• Esfuerzo.- Independientemente del esfuerzo en horas e inyección de energía, el negocio dará mientras siga explotando el nicho de manera exitosa.
• Ganancias.- Sobran para todos los accionistas.
• Futuro.- Depende de qué tanto cambie el entorno y si el negocio enfrenta una discontinuidad en la industria; mientras esto no ocurra, seguirá.
• Opciones .- Seguir montado en el caballo para que te lleve distancias lejanas en lo relacionado a la acumulación de capital, para luego invertir en otras cosas y/o en mejorar la operación.
• Argumentos.- Se podría argumentar que ya no hay negocios buenos mal manejados, pero abundan en los mercados y segmentos más insospechados.
• La frase del caballo: Más vale un buen negocio mal manejado que un mal negocio bien manejado.

Un mal caballo, un buen jinete.
• Tiempo.- Es peor que el caballo sea mediocre a que sea malo; si es malo se echa o se muere obligando al buen jinete a buscarle por otro lado. Nada peor que la mediocridad extendida.
• Esfuerzo.- La persona se desgasta, se afana, y le invierte una cantidad impresionante de talento y esfuerzo; tanto que el mal caballo da poco, pero da.
• Ganancias.- Son pocas y apenas para un sólo accionista.
• Futuro.- Si el negocio logra mantenerse en una existencia forzada y prolongada, el jinete puede agotarse. Hay una edad donde se empuja con facilidad y entusiasmo y que parece rebasar a los más sombríos panoramas, pero hay otra donde lo que se anhela es recoger frutos.
• Opciones .-¿Qué tanto tiempo tiene que transcurrir para que el buen jinete realice que si cambia de caballo ganará mucho más? ¿Y si nunca lo intenta? Otra pregunta: ¿Es posible cambiar la naturaleza de un caballo ineficaz?
• Argumentos.- Se podría argumentar que un buen jinete lo primero que hace es escoger a un buen caballo, pero distinguir entre un buen o mal negocio no es cosa sencilla.
• La frase del jinete: Lo importante no es el punto (localización), sino el puntero (el operador).

El centauro.- ¿Por qué un centauro? Porque el centauro- sin entrarle al significado mitológico- representa la fusión entre el hombre y el caballo, donde se convierten en uno y reúnen las cualidades más sobresalientes: la inteligencia y la cara del humano con la fortaleza y velocidad del caballo.

El Centauro es otra forma de decir: un buen caballo y un buen jinete juntos, y que representan la síntesis y la transformación casi mágica donde las cosas fluyen, se gana dinero, existe autorrealización y sentido de propósito.

Es imposible no pensar en: Bill Gates con Microsoft, Steve Jobs con Apple, Larry Ellison con Oracle; así como en: Carlos Slim en los negocios, George Lucas con su Guerra de las Galaxias, Alejandro Fernández o Andrea Bocelli cantando, Bono el humanista, Tom Hanks personificando a Forrest Gump.

En estos casos tan disimilares se puede apreciar la conjunción entre lo que la persona es, puede y quiere dar, con el entorno y en el formato con el que se entrega.

Aquí variables sobre el Centauro.
• Tiempo.- En este escenario el tiempo parece no transcurrir. La química hace que el caballo sea mejor caballo y el jinete mejor jinete; se exigen el uno al otro.
• Esfuerzo.- Parece que no lo hay. El trabajo apasionado rara vez les representa “trabajo”. Diariamente lo disfrutan. “Lo más increíble y maravilloso” dicen, “es que me pagan por hacerlo”.
• Ganancias.- Son abundantes y lucen en segundo término frente a la satisfacción que les trae a sus accionistas-operadores.
• Futuro.- Se está frente a un círculo virtuoso difícil de romper. Los problemas se arreglan y adelante.
• Opciones .- ¿Será conveniente, posible, realista, experimentar y exponerse hasta el gran encuentro con el Centauro?
• Argumentos: Se podría afirmar que la combinación Centauro no existe, que es un sueño irrealizable. Pero independientemente del grado de dificultad aparece gente como la señalada y como Mohammed Yunus (ver artículo del Viernes pasado) que nos demuestra lo contrario.
• Las frases del Centauro: Darle en el clavo. Haz lo que te gusta y llegará el dinero.

Sin duda el ejercicio aquí descrito está sobresimplificado. La complejidad y las sutilezas se la pone cada quién dependiendo de dónde y cómo se encuentre. Buena suerte.

Minuto a minuto