Valle de Pasiones

El enemigo ahora es cada vez más invisible y representacional: stress, ansiedad, frustración, impotencia, depresión.

"Estudié Ingeniería, tengo un MBA, pero terminé siendo el psicólogo de cabecera de la gente que me reporta".

Directivo de una empresa multinacional.

Para sobrevivir, la empresa tiene que ser eficaz, trabajadora, seria, enfocada y aguerrida; pero también tiene que aprender a lidiar con la irracionalidad, las emociones desbordadas y los problemas personales de su gente.

Una empresa competitiva sabe que los individuos necesitan resolver en buena medida sus problemas y situaciones personales, existenciales y familiares, para que después se entreguen y se enfoquen a la empresa. El problema es que la empresa no puede -ni quiere- esperar y de inmediato filtra a la gente que no está "integrada y compacta"; hasta que ,de repente, uno de sus ejecutivos, clave y pivote, se desbalancea y revienta.

 

 

 

Es que el dispendio de energía que se invierte para balancear la vida es a veces tan grande que acaba por agotar a los individuos dejándolos con poca fuerza para lidiar con otros aspectos tan críticos como el ganarse la vida.

Los números y las tendencias nos dicen que algo está pasando: en México se le ha empezado a dar más seriedad a las investigaciones de salud mental en función del escandaloso índice de alcoholismo y drogadicción, así como de la cantidad de niños y mujeres maltratados.

También: cerca del 90 por ciento de las enfermedades tienen una influencia psicosomática (Benson, Harvard Medical School); 1 de cada 4 norteamericanos se ha sentido estresado al punto "de perder el control"; alrededor de 200 mil millones de dólares al año se pierden por ausencias provocadas por el stress; el 70 por ciento de los accidentes laborales, también son por stress; 120 millones de personas en el mundo están deprimidos (World Health Organization) y un millón de suicidios ocurren al año mientras que otros 20 millones lo intentan.

El asunto es que las personas de países con cierto grado de riqueza parecemos estar equipadas biológicamente para seguir lidiando con problemas físicos y externos -el tigre, el mamut, inclemencias del tiempo, el enemigo que nos quiere quitar el alimento y la cueva- cuando los problemas hoy en día son mentales e internos.

El enemigo ahora es cada vez más invisible y representacional: stress, ansiedad, frustración, impotencia, depresión.

En paralelo florecen las industrias que atienden a este creciente sector de los alienados, como spas, dogmas, escuelas, corrientes espirituales, técnicas neurológicas y psicológicas; y la industria farmacéutica del mundo lo ha aprovechado de maravilla. La mayor parte de su rentabilidad proviene de medicamentos que alteran la química del cerebro para impactar los estados de ánimo.

El hambre a no sentirse mal es mayor que el hambre, por ejemplo, de tener sexo. Es sabido que entre los efectos secundarios de los antidepresivos y ansiolíticos está el que bajan la líbido sexual, pero su consumo se sigue elevando.

El monometismo (unidimensionalidad, tener una sola meta) de lo económico, el "score" de la vida, eventualmente pasa la factura.

Por otro lado, las relaciones interpersonales, la habilidad para interaccionar con subordinados, jefes, colegas, socios, competencia, aliados, proveedores y clientes, adquieren una relevancia básica y por sí solas son complicadas aún entre personas "normales" y psicológicamente estables.

Algunos otros ejemplos.

Un ejecutivo brillante siente que "no puede avanzar" con ese jefe que tiene porque lo percibe como arrogante, voluble, colérico y tonto. Desde que ve su teléfono en el identificador de llamadas se le aprieta el estómago y se le tensa el cuerpo.

Otro ejecutivo recién entrado, de esos que consiguen los head-hunters, está a punto de renunciar tras sólo 3 meses de trabajo. La razón: "no me hallo con estos capos" (refiriéndose a sus nuevos colegas).

Una habilidosa mujer ejecutiva, que alcanzó el puesto de vicepresidente en una compañía, tiene el problema de que para que le hagan realmente caso y la tomen en serio tiene que molestarse, levantar la voz, imponerse; y esto la tiene exhausta.

Un director de Recursos Humanos -refiriéndose a las grillas, y al ir y venir de puñaladas- dice: "lo más fácil en esta empresa es la chamba".

En una junta de resultados, un ejecutivo de 34 años de edad, en plena presentación, con su apuntador láser en mano señalando a una filmina, de repente pone su mano en el pecho y se colapsa, víctima de un infarto. La noticia era el infarto, la noticia de la noticia: todo lo que había estado aconteciendo en su vida los últimos 4 años.

Las mujeres siguen escalando puestos. El problema, según algunos, es que pasarán por la menopausia durante las edades más propicias para ser directivas. ¿Y qué con la andropausia, la versión masculina de la menopausia?

"El problema es la gente. Si no fuera por la gente, esta empresa trabajaría de maravilla", dijo un directivo que labora en una empresa de servicios.

Lo anterior puede provocar la reflexión alrededor de lo que significa ser un CEO (Chief Executive Officer), que presupone la ejecución impecable del negocio.

¿Por qué no un CPO (Chief People Officer)?

Un CPO -entrenado bajo otra óptica- que se encargue de entender, liberar e integrar personas, o que por lo menos funcione como catalizador y facilitador; en lugar de sobre-entrenarlo en entender y solucionar problemas "clásicos" de logística, finanzas, control, producción, ventas.

Después de todo la administración es la obtención de resultados a través de terceros, a través de equipos sólidos y alineados.

Sin duda las habilidades en el campo de la dirección de empresas y en la gestión de negocios tendrán que empezar y terminar con habilidades interpersonales.

Entender, liberar, integrar; no sin antes: entenderse, liberarse, integrarse.

Minuto a minuto

Horacio Marchand

La estrategia está donde se invierte tiempo, dinero y atención; es lo que se hace todos los días.

by Horacio Marchand