Chile Picante

SANTIAGO, Chile.- Me recibió Gregorio en el aeropuerto.

Era el taxista que enviaron a buscarme y sonriente me preguntó si yo era mexicano. Me ganó casi todas las preguntas; yo quería preguntarle --vox populi-- sobre Michelle Bachelet, pero me la pasé hablando de Jorge Negrete, Cantinflas y mariachis. “Es que a mi me encanta México”, decía. Le pregunté que si lo conocía y mirándome por el espejo dijo que no, pero que algún día iría a Guadalajara, a cantar en la plaza con los mariachis. “¿Y Bachelet?”, insistí.

“Ella es buena. Tiene una historia que le ha gustado a los chilenos. Yo voté por el otro, por Piñera, me gustaba más pero a la gente le fascinó la historia de la Bachelet”.

Eso de las historias.

 

 


El investigado cognitivo, Calvin, resalta que la manera en que las personas aprendemos es a través de la metáfora. Que historias adquirimos y pulimos una capacidad de secuencia con potencial de generar cursos de acción y extrapolar sus consecuencias. Por eso cuando alguien nos comparte un cuento, una anécdota, una narrativa personal, invoca al ritual milenario de contar historias de héroes y sabios, alrededor del fuego bajo un cielo estrellado, y nos enganchamos.

Por el lado de marketing, la historia es la pieza clave y constituye el esqueleto para concretar la arquitectura de marca. Si una marca es una promesa, una historia es la manera en que se articula la promesa. Las historias interesantes y divertidas, y sobre todo que tienen el genio de filtrarse hacia lo coloquial, son las que prevalecen, se crecen y se enriquecen.

Regresando a la historia de Bachelet, presidente electo de Chile: su padre fue asesinado por los militares de regímenes anteriores, ella, junto con su madre, fue secuestrada y torturada; es divorciada, agnóstica, médico, y lleva, aunque cada vez menos, todos los días a su hija a la escuela.

En entrevistas de televisión y fotografías de prensa, lo primero que le miras a Bachelet es su sonrisa y sus lentes modernos pero poco pretenciosos. Un entrevistador la quiso sacar de quicio con varios embates, pero ella los esquivaba con seriedad y también con gracia.

Un ejecutivo me dijo que era su carisma, una secretaria que era el momento de las mujeres, otro taxista me dijo que la consideraba una persona humana y buena, el bell boy sólo sonrió y no dijo nada.

Se puede pensar que fueron las mujeres que la llevaron al poder pero fueron porcentajes bastante iguales. La seducción, la venta, la persuasión, o como se le llame, de Bachelet al final rebasó al género.

La duda persistente es su capacidad de gestión: ¿La tendrá? ¿Sabrá tomar decisiones económicas? ¿Sorteará los grandes acontecimientos-problema cuando surjan?

Si hay un país latinoamericano con bases institucionales sólidas es éste. Si hay uno que puedo aguantar la curva de aprendizaje de un presidente es Chile porque tiene una estructura armada de contrapesos que, hasta el momento, no han resultado en parálisis como el caso de México.

Algunos datos notables sobre Chile: es el país latinoamericano con la mayor disminución en la pobreza; su crecimiento económico es consistente (6.1% en el 2004, 6.3% en el 2005) y de continuar con el ritmo de los últimos años acabará por consolidarse como el país latinoamericano de mayor desarrollo; y, finalmente, goza de una exclente marca.

Desde el punto de vista de riesgo país, Chile tiene la mejor evaluación en Latinoamérica, según el banco de inversiones estadounidense JP Morgan, y recién llegó a un nuevo mínimo histórico. El bajo nivel de riesgo implica que el costo de financiamiento crediticio para las empresas y el Gobierno chilenos en los mercados nacionales es más bajo.

Chile se sitúa un rango crediticio superior al de Corea, Malasia e Israel y, ojo, tres veces mejor que el de México.

Esta medición considera una serie de factores, como el manejo de la deuda pública y privada, las cuentas externas, el estado de las finanzas públicas, el control sobre la inflación y la disciplina fiscal.

No todo está resuelto. Chile no deja de tener rasgos de país latinoamericano y hay muchas cosas por hacer, pero los ingredientes parecen estar en su lugar para que lidere al continente hacia el progreso y conforme una historia de éxito, de que sí se puede, y se convierta en un modelo que inspire a otros.

Hace varios años visité República Dominicana y un hombre de negocios me dijo que ellos importaban todo tipo de productos porque era un país pequeño donde la industrialización, que demanda economías de escala, les era imposible.

Ahora que visité Chile, un hombre de negocios me dijo lo mismo, pero exactamente al revés: “nosotros, como somos un país pequeño, nos vemos obligados a exportar de todo. El modelo industrial de escala lo logramos cuando exportamos”.

El subdesarrollo es un estado mental y una posición existencial.

Minuto a minuto

Horacio Marchand

RT @ClaudioXGG: Convencido de que Méx.no merece a su clase gobernante. Solución: traerle la rienda corta manteniendo el espíritu cívico de…

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