Íntimo y Anónimo

La intimidad se está redefiniendo a pasos vertiginosos: video-conferencias, amigos virtuales, romances virtuales, sexo virtual, aprendizaje virtual, negocios virtuales, incluso viajes virtuales; el mundo está ahora al alcance de un teclado.

Pasada la presión por subsistir y preservarse, la intimidad surge como la siguiente necesidad imperiosa. El reto es que ya no somos una tribu nómada que siempre anda junta, sino insumos dentro de un sistema capitalista que favorece la especialización y la división del trabajo.

El antropólogo Dunbar estima que nuestra red social es de unos 150 individuos, pero esta cifra enfrenta embates por ambos lados.

Por un lado está la alienación, la vida anónima y la velocidad con la que se vive hoy en día. Cada vez hay menos tiempo para la conversación profunda ya que todo mundo corre y no deja espacio para la reflexión y la conexión personal.

Y cuando por fin llega ese espacio y tenemos la posibilidad de intimidad frente a nosotros, cuando encontramos a alguien dispuesto a abrirse, estamos tan desacostumbrados a hacerlo que nerviosamente tomamos nuestras cosas y volvemos a correr.

El miedo a la intimidad es tan grande como el deseo a la intimidad.

Por otro lado está la facilidad del mundo virtual para conectarnos con casi todo y todos, aunque vivir en este mundo virtual puede convertirse en vicio y preferirse sobre una vida real.

Podrías pasar tu vida encerrado en un cuarto y padecer de hikikomori, un fenómeno social acuñado por sociólogos que detectaron una curiosa tendencia en Japón: había cerca de un millón de jóvenes que se encerraban, por su libre elección, en su cuarto. Ahí les llevaban de comer, dormían y navegaban por Internet.

Y esto no es un fenómeno asiático y tampoco es un tema de adolescentes solamente ya que personas que se sienten abrumadas o con problemas no diagnosticados como depresión o ansiedad son propensas a encerrarse en su mundo virtual.

Es que el contenido en Internet es adictivo: hay gente que compulsivamente monitorea sus mails, que no puede dejar de ver videos o fotografías, que no puede dejar de escuchar y bajar música, noticias, chismes.

Hay foros, blogs, sitios, videos, música, fotos, personas, lugares, animales, planetas y cosas totalmente inimaginables. No hay nada que no pueda encontrarse en la web y es una locura de estímulos que parece embriagar nuestra capacidad de juicio y discriminación.

En Internet está lo mejor y lo peor de la humanidad y eso es precisamente lo que nos define como humanos: somos luz y somos sombra; conciliar a los opuestos es nuestro más maravilloso reto.

Y ahí en la web también están nuestros contactos. Son cientos, o miles, los amigos que puedes contactar con un solo click. Facebook, Myspace y otros son un vehículo para enterarte de la vida íntima de amigos, conocidos y desconocidos.

Si la comunicación es constante, incluso puedes llegar a desarrollar una cierta sensibilidad del estado de ánimo de tus amistades equivalente a leer el lenguaje no verbal cuando los tienes enfrente; los sociólogos le llaman ambient awareness.

Sitios como Twitter invitan a sus miembros a que constantemente reporten lo que están haciendo, como "comiéndome un taco", "con ganas de estar en la playa". Este servicio da la opción que incluso extraños puedan estar recibiendo tus updates.

Es que el Internet te envalentona y favorece el intercambio de intimidad. Es más fácil abrírsele a una computadora que abrírsele a una persona real que te esté mirando a los ojos.

Muchos sabemos de amores que se iniciaron chateando o en sitios especializados donde, apoyados en software, cruzan datos psicográficos y demográficos para ofrecerte un match probabilísticamente perfecto.

Y están los adictos a la pornografía de clóset. Hay datos contradictorios en las estadísticas, porque se hace a escondidas, pero es el mayor volumen en Internet. Esta es la industria de mayor facturación y ha sido la encargada de disparar nuevas tecnologías que permiten interactuar en tiempo real.

Internet es el mundo y en el mundo existen peligros: pederastas, ladrones, violadores, apostadores, oportunistas, etcétera. Nada es todo bueno: una dirección te genera otra implícitamente; cada vez que se gana algo se pierde algo y viceversa.

Y está la dimensión fascinante y muy peculiar de tener una segunda o tercera vida alternativa. Sitios como Secondlife.com te permite vivir en un mundo diferente a tu realidad y ya cuenta con más de 15 millones de habitantes de múltiples nacionalidades.

Secondlife.com te promete: "Desde el momento que entras descubrirás un continente digital repleto de gente, entretenimiento, experiencias y oportunidad".

Gracias a que tú mismo diseñas tu Avatar (tu persona dentro de Secondlife), en este mundo puedes ser un empresario millonario (hay gente que vive de esto, ya que los Linden, moneda de este mundo virtual, tienen un valor ligado a dólares en el mundo real), un profesor universitario, un trasnochador que se la pasa buscando chicas en el bar, un rockero desenfrenado, un campeón atlético. Puedes ser más bella que Sienna Miller, o incluso puedes ser de otro sexo, de otra especie o de otro planeta: llégale a tu fantasía.

Suena loco y lo es, pero en realidad es un denso material del psique humano cargado de proyecciones listo para ser estudiado por psicólogos, sociólogos, antropólogos, economistas y demás.

También hay que decir que Secondlife ofrece herramientas de productividad y tiene en la mira el objetivo de ser una plataforma para la educación.

La tecnología digital se ha encargado de que tengamos todo tipo de relaciones virtuales y la próxima semana cerraré el tema abordando la relación comercial que sin duda también se está redefiniendo.

Minuto a minuto

Horacio Marchand

La estrategia está donde se invierte tiempo, dinero y atención; es lo que se hace todos los días.

by Horacio Marchand