Carla Nostrum

PARÍS, Francia.- Es un día magnífico, soleado, fresco. Se respira un ambiente de celebración en esta misma ciudad que hace siglos mató a la monarquía, que degolló a María Antonieta, que gritó al mundo que todos éramos iguales: liberté, egalité, fraternité, pero que hoy virtualmente corona a Carla Bruni, la modelo-compositora-cantante, esposa de Nicolás Sarkozy, Presidente de Francia.

Es el 14 de julio y París se agita en celebración conmemorando la toma de la Bastilla en 1789. En las banquetas se ven paseando a diversos Presidentes y funcionarios de Gobierno rodeados de jóvenes guardaespaldas, al tiempo que el restaurante Fouquet's está más lleno que de costumbre.

La gente, por montones y con frecuencias aleatorias, se desplaza hacia todos lados. Es un entusiasta caos y el McDonald's, el más grande que he visto, está a reventar. Empujones para ordenar una Big Mac y la sección de McCafé, diseñada para competir directamente contra Starbucks, luce atiborrada.

Es una fecha patriótica y sobran noticias en París: se aprecian por las calles tanques de guerra desfilando y por los cielos a jets supersónicos y paracaidistas; se condecora en una emotiva ceremonia a la colombiana-francesa Ingrid Betancourt; la ciudad es visitada por 43 Jefes de Estado europeos y de países ribereños del Mediterráneo, para arrancar la Unión por el Mediterráneo.

Pero ni el Mare Nostrum, como se referían los romanos al Mediterráneo, puede opacar a lo que pareciera la Carla Nostrum que luce radiante en el epicentro de la noticia. Entre el bullicio y la abundancia de notas periodísticas, Bruni se las ingenia para estar en boca de todo el mundo.

A donde voltees, ahí está su imagen: en la primera plana de diarios como Le Figaro de Francia, The Guardian de Inglaterra, y la revista Elle en su versión francesa. Aparecen por doquier entrevistas, fotos, chismes y nada parece saciar a la gente; es que la demandan, la consumen, la buscan, ¿la necesitan?

Al verla con su traje sastre morado intenso, elegante y refinada, caminando institucionalmente un paso atrás de su marido, es difícil imaginarla como la femme fatale que ha cautivado a Mick Jagger, Eric Clapton, a los actores Vincent Perez y Charles Berling, al líder político socialista Laurent Fabius, al filósofo Raphael Enthoven y a su padre, Jean Paul Enthoven.

Bruni, que afirma su abuela era francesa, nace en Turín, Italia, hace 40 años. A los 19 años empieza su carrera de modelo y se convierte en la cara de Guess y Versace, lo que la llevó a percibir unos 7.5 millones de dólares anuales. A los 29 años decide dejar la carrera de modelo y se convierte en cantante-compositora. Su primer álbum Quelque' un m'a dit (alguien me ha dicho) vende 2 millones de copias.

Desinhibida y segura de sí misma, habla abiertamente sobre lo que piensa, lo que hace y lo que siente: "soy monógama ocasionalmente, pero prefiero la poligamia y la poliandria. El amor dura mucho, pero el deseo intenso sólo unas dos o tres semanas" (The Sunday Times International, 13 de julio).

La controversia le viene bien y se maneja de maravilla. Importa poco si la prensa inglesa publica fotografías de ella desnuda el día de su visita oficial a Londres o si la acusan de devora-hombres y oportunista. En el mismo Londres declara que los hombres ingleses le gustan porque, como su marido, son lo suficientemente hombres para estar en contacto con su lado femenino. También se declara aficionada al Monty Python.

¿Y qué dicen los franceses de tener una primera dama como Bruni? En una encuesta de opinión reciente, casi el 70 por ciento de los franceses la aprueban. Esto es envidiable para cualquier político del mundo.

Bruni tiene la audacia para incluso lanzar su álbum de canciones el mismo día de la celebración de la toma de la Bastilla, como si nada. Y tampoco tiene empacho en dedicarle a su esposo la canción Ma Came (que puede tener diferentes interpretaciones: como decir mi droga en castellano, my dope en Estados Unidos o my cup of tea en Inglaterra), haciendo alusión a la adicción que tiene al amor del Presidente.

Por cierto, Comme si de rein n'était, el nombre del álbum, justamente significa "como si nada pasara", pero a ella parece estarle pasando todo lo bueno.

Como si se tratara de una diosa moderna, o un ídolo contemporáneo, Bruni es asediada y admirada. ¿Será famosa por sus características intrínsecas? ¿Será su personalidad, su carácter, su belleza, su inteligencia o su posición lo que la hacen popular?

¿Será el hecho de que se atreve a ser ella misma y a pesar de esto gana, le va bien, no es "castigada" y se sale con la suya?

¿O será famosa porque en el psique social existe una energía lista para ser liberada como si se tratara de un arquetipo de realeza, de princesas y príncipes, de reinas y reyes?

Los templos de Afrodita, Artemisa y Atenea estarán vacíos, pero viven en la imaginación de la sociedad. Los castillos de las princesas de antaño serán utilizados como museos, pero existen en nuevos contextos y foros.

Parecen configurarse espontáneamente nuevas diosas y nuevas reinas que emergen en las más insospechadas de las formas según la época y el lugar. Desde los cuentos de Cenicienta y Blanca Nieves, las películas de Pretty Woman y Las Crónicas de Narnia, hasta la presencia mítica de Eva Perón y la Princesa Diana.

Esta era científica puede descalificar a lo que no es comprobable, pero no puede evitar que telenovelas, cuentos, películas y algunas situaciones de la vida real sean veneradas como mágicas y representen, de alguna manera indescifrable, a personajes más grandes que nosotros mismos y a nuestros más íntimos anhelos y fantasías.

Entre la conmemoración de la toma de la Bastilla, el estado de la economía mundial y la alianza norte-sur del mediterráneo tiene que estar lo que Carla Bruni nos dice sobre nosotros mismos.

Minuto a minuto

Horacio Marchand

La estrategia está donde se invierte tiempo, dinero y atención; es lo que se hace todos los días.

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