Fibra chismosa

Los escritos de Kant, Rousseau y Derrida son una delicia para la mente, pero el postre, sin duda, tiene que ser el TV y Novelas y el National Enquirer. La Ética, el Desconstructivismo y la libertad personal son temas maravillosos, pero la mayoría del tiempo lo que nos seduce son los chismes y el morbo.


Que Paris Hilton, la que apareció haciendo el amor en Internet, anda de novia con uno que se llama también Paris; que Steven Spielberg acaba de invertir 40,000 dólares en dos televisiones de plasma para su avión privado porque la familia no se ponía de acuerdo en la programación a ver; que Martha Stewart tiene lista una botella de Dom Perignon, Vintage Mágnum, de $25,000 dólares para brindar cuando termine su sentencia; que Eva Longoria desbancó a Jennifer Aniston como la más bella en televisión; que Aniston se burló de los tintes de cabello frecuentes de Brad Pitt; que Pitt la hace de Papá con la hija adoptiva de Angelina Jolie; que la adopción de Jolie disparó las adopciones en Etiopía, y así sucesivamente.

Es fácil juzgar la banalidad de los chismes, pero también tienen un rol en la sociedad porque ayudan a clarificar y validar reglas, transmiten información sobre convencionalismos sociales, establecen parámetros de conducta, y proveen a los nuevos una forma de integrarse y establecerse dentro del grupo.

Dice David Sloan, State University of New York que: “los chismes aparentan ser una interacción sofisticada y multifuncional que es importante en la política de conductas dentro de un grupo y en la definición de la membresía”.

La gente –independientemente del género-- invierte entre un 20% y 33% de su tiempo en recabar, compartir, y seguramente en alterar, chismes.

Otras funciones del chisme: “bajar” o “nivelar” a una persona: no es tan cuerda, buena, inteligente, hábil o rica como se cree, por ende, no tengo por qué sentirme tan mal; o simplemente es un vehículo para conectarse con alguien y entrar juntos a un proceso de catarsis y posiblemente de intimidad. Llevado al extremo, los chismes pueden distorsionar y dramatizar innecesariamente esquemas de interacción.

Incluso también hay chismes que destruyen y asesinan; que desprestigian a alguien, sin deberla ni temerla, o peor, que provocan la muerte de cientos de personas.

Cerca de mil muertos y 500 heridos fue el resultado de un rumor de ataque suicida en Bagdad. Como si les faltaran problemas o tragedias a la gente de la zona, una peregrinación chiita terminó en estampida por un rumor de que había atacantes suicidas mezclados entre los fieles. Cientos de niños, mujeres y ancianos, los más débiles, fueron arrollados en medio del pánico. Y por ningún lado aparecieron los suicidas.

Y también hay chismes que hacen y deshacen marcas. Montados en la naturaleza humana de elaborar corrientes de discusión y novedad, algunos mercadólogos han logrado insertar su producto dentro. Puede ser habilidad o suerte, pero la mejor forma de crear una marca es lograr que se hable de ella en lo coloquial y/o como noticia en los medios. Que agarre calle.

Es que la publicidad no es lo que era antes. Ante tantos mensajes pagados la publicidad tiene un problema de credibilidad, cosa que las relaciones públicas todavía mantienen en función de que el mensaje viene de alguien que se conoce o aparece como si fuera una noticia.

La historia detrás de las marcas es la gasolina de difusión. Más efectivo que un broadcast impersonal, masivo, sordo, unilateral; está lo que algunos llaman Marketing Viral, Relaciones Públicas, BuzzMarketing, Tipping Point, StoryMarketing, Marketing de Boca en Boca, y quien sabe cuántos nombres más. Pero en esencia se montan en lo mismo: en la propensión de la gente a comunicar chismes y novedades.

La Riviera Maya es impresionante pero Cabo San Lucas, al sur del glamoroso California, le compite con los ricos y famosos y, por lo mismo, se promueve el interés de los no tan ricos y nada famosos. Entre los atractivos de Cabo están las miles de historias de golfistas del mundo que hablan, aparte de sus scores, de los colores terracota de su tierra, combinándose con el azul del océano y el cielo, el verde de los fairways y greens. Cabo es tierra de golfistas y también de artistas.

El campo del Dorado lo diseñó Jack Nicklaus y en el Hotel Las Ventanas se ha visto a parejas como Di Caprio con Gisele Bundchen y a Kutcher con Demi Moore, y a personalidades como Giorgio Armani, Michael Jordan, Sean Pean, Madonna (dicho sea de paso, hace poco se cayó del caballo y se quebró las costillas).

Dicen también que Cabo es la Capital del del Marlin, para los que les gusta la pesca.

Aparte de Cabo ¿Has oído del Chupacabras? ¿Cuántos chistes te sabes del Viagra? ¿Has probado la langosta con frijoles negros de Rosarito? ¿Punta Mita? ¿La Casa que Canta?

Esparcir un virus suena espantoso en el terreno médico, pero en el terreno del marketing y la estrategia de marca suena muy bien.

Los humanos generamos, dispersamos y contagiamos, lo que Godin llama, virus de información (distorsionada o no).

Todos pertenecemos a diferentes comunidades que se dedican a propagar virus y, como el virus, un buen chisme es espontáneo, impredecible y toma vida propia.

Bien capitalizado, un virus puede sustituir por completo a un presupuesto millonario de publicidad y hacer las veces de una fuerza de ventas virtual compuesta por miles de promotores.

A propósito, me enteré 1.- Que sus hijos o nietos pueden aprender a leer con el uso de la tecnología, chequen www.tumblebooks.com. 2.- Que el International Journal of Cancer acaba de realizar un estudio que sugiere que las niñas que comen papas fritas, al menos una vez por semana, son más propensas a tener cáncer cuando adultos. 3.- Y traigo un chisme buenísimo, pero no se lo puedo contar a nadie...

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