Baile de Control

 

Hay una dinámica persistente, repetitiva, incluso predecible, que se alcanza a apreciar en las empresas a través de diferentes etapas de crecimiento: la centralización y la descentralización. En los comienzos siempre está la centralización. En los arranques de negocio la centralización parece ser determinante para asegurar el flujo de efectivo y las ventas. Es en esta etapa inicial donde existe el mayor peligro de mortandad, por lo que los directivos tienen que estar "en todo", ya que la más mínima falla amenaza la viabilidad del negocio.

 

La centralización promueve las economías de escala, genera eficiencias organizacionales, reduce gastos y permite ejercer un mayor control de la empresa. Entre más centralizada y efectiva sea la gestión, por lo menos en determinadas etapas clave, mejor será la probabilidad de éxito; y hasta aquí todo luce muy bien.

¿Pero qué pasa cuando la empresa crece y empiezan a aparecer sucursales por diferentes regiones y se multiplican las unidades de negocio?

El lado oscuro de la centralización es que puede llegar a sobrecontrolar a las sucursales o subsidiarias. En este caso las economías de escala son relativizadas por la pérdida de flexibilidad. Es que la centralización eventualmente genera lentitud y merma la búsqueda de oportunidades.


¿Quién no se ha quejado de la lentitud, ignorancia y falta de sensibilidad de mercado, además de la pobre capacidad de respuesta, que tiene el corporativo? Llega un punto en el que si este vector de control y centralismo no se adecúa a los tiempos puede asfixiar a un negocio.

En aras de "ver el bosque, se pierde la perspectiva del árbol". Las posiciones se polarizan y se hacen dos grandes bandos: el corporativo contra las subsidiarias.


Y es aquí donde es necesaria una energía balanceadora y una contraparte: la descentralización. En esta fase el negocio se preocupa por empoderar a las subsidiarias y darles la flexibilidad necesaria para que atiendan directamente a sus respectivos mercados.Sediseñan sistemas, procedimientos y políticas para que las decisiones sean tomadas donde está ocurriendo la acción y no en la aislada torre de marfil donde los ejecutivos de mayor rango están encerrados y distantes.

Ante este nuevo movimiento liberalizador, la organización toma una vitalidad impresionante y se cataliza el crecimiento. La empresa se hace responsiva, se desarrollan nuevos productos o servicios y se ensayan diferentes innovaciones en las formas de operar que luego se convierten en benchmark para ser replicadas por el resto de la organización.

Si en la centralización el corporativo tiene la función principal de controlar, disminuir anomalías y hasta cierto punto predecir el futuro, en la descentralización lo que busca es apoyar a las subsidiarias "allá" en su localidad, experimentar otros rumbos y construir un futuro diferente.

Pero la descentralización también tiene su lado oscuro. Eventualmente se pierde la estandarización operativa, se erosionan las economías de escala y cada quien empieza a hacerlo a su manera en la creencia de que es la mejor. Naturalmente, el control se va perdiendo y los "excesos de iniciativa" empiezan a impactar negativamente las ganancias.

En este caso, en aras de "ver el árbol, se pierde la perspectiva del bosque". Las posiciones se polarizan y se hacen múltiples bandos: las subsidiarias se atacan entre ellas, ya que se ponen a competir por la atención y recursos del corporativo —como si fueran hijos peleándose por la fortuna familiar.

Ante el descontrol y el caos imperante, lo que sigue es la centralización, otra vez. Y se empieza otro nuevo ciclo: de la centralización se pasa a la descentralización, y luego a la centralización otra vez y así sucesivamente.

Estos desplazamientos estratégicos son necesarios para darle viabilidad a la organización. Es como un baile que se mueve de un compás al otro: la centralización genera ventajas hasta que empieza a generar desventajas y es necesaria una acción descentralizadora; la descentralización genera sus propias ventajas hasta que empieza a generar sus desventajas y así sucesivamente.

Ante este patrón de conducta puede resultar útil, incluso divertido, evaluar en qué parte de este proceso de controlar/ soltar se encuentra la empresa. Por supuesto que el estado ideal es que se apliquen las ventajas de las dos posiciones y se minimicen las desventajas, aunque en realidad considero que esto es imposible.

Lo mejor es darle al negocio lo que necesita cuando lo necesite.

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Minuto a minuto

Horacio Marchand

La estrategia está donde se invierte tiempo, dinero y atención; es lo que se hace todos los días.

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