Hay emprendedores de muchos tipos, pero lo que todos tienen en común es que le dicen "no" al no.

Un emprendedor le tiene que decir "no" al no desde el arranque. Tiene que plantarse en su posición y seguir poniendo presión hacia lo que quiere. El mundo le dirá que "no" de múltiples formas por la sencilla razón de que el mundo gira ensimismado en su propia inercia y está regulado por las trayectorias actuales.

Es que cuando las cosas están establecidas, los productos asentados en el mercado, los competidores son los mismos, los clientes optan por acudir de forma automática hacia lo conocido. De ahí que el principal obstáculo que tiene un jugador nuevo para vender su innovación es el hábito predominante en el mercado. Así de sencillo.

Un emprendedor es por definición un disruptor. Un agente que le reclama atención al statu quo y le demanda una oportunidad. Es un retador que pretende romper la homeostasis y que le grita al sistema para que voltee a mirarlo. Es casi como un pequeño mosquito que fácilmente puede ser ignorado, hasta que pica la piel o entierra su zumbido en la oreja.

En sus inicios, el emprendedor va contra todo y no es tomado en serio. Es en esta etapa crítica cuando está más vulnerable, cuando se siente más inseguro, cuando no puede comprobar sus ideas con hechos y cuando el flujo de efectivo es más escaso.

El entorno tiende a descontar al emprendedor por su entusiasmo "excesivo", su inocencia, su lucha sin remedio. Y hasta la estadística parece ratificarlo: la probabilidad de éxito en emprendimientos, dependiendo la fuente, ronda en el 20 por ciento.

Pero la tragedia no es que los fracasos sean el 80 por ciento de los emprendimientos sino la abrumadora cantidad de personas que ni siquiera lo intentan, o que se dan por vencidos a la mitad del camino.

No aventarse tiene que ser mucho más duro que fallar. Fallar una vez, dos, tres o más no es fallar si finalmente le pegas. Y aunque nunca termine de consolidarse el negocio, te queda la paz que brinda luchar con tu mejor esfuerzo, la satisfacción de haberte atrevido a romper la inercia, el aprendizaje que viene del salirte de zona de confort.

¿Cuántas veces te has planteado la meta de empezar tu propio negocio? ¿Cuántas veces has dicho que vas a cambiar de empleo, de compañía, de puesto o de lugar de residencia?

Ante los embates y la dificultad de cambiar una inercia, la mayoría de la gente tira la toalla antes de tiempo y eso deja el espacio abierto para los que se vuelven a poner de pie y siguen avanzando.

Cuando hay constancia y pasión, el cosmos, por llamarle de alguna manera, reconoce esa energía y responde. De repente se reorganizan los factores productivos y se acomodan alrededor de esa nueva energía.

Y luego, si hay suerte, se pasa al tipping point, al punto de no regreso, al punto donde se activa una cascada de eventos que se catalizan por esa propuesta inicial. Entonces lo que acaba por ocurrir es que se activa una nueva inercia en el sistema y empieza a alcanzar momentum (un crecimiento orgánico excepcional que se alimenta a sí mismo).

Y luego, si hay suerte, el momentum agarra gravitas. Genera su propia gravedad y "atrapa" en su propia órbita lo que anda por ahí rondando. En esta etapa ya no es sólo trayectoria sino que se alcanza gravitas.

Habrá mejores tecnologías que Harley Davidson, pero Harley fue la primera en hacer mística de marca. Habrá mejores tecnologías que Youtube para cargar, descargar y navegar videos, pero es ahora estándar. Habrá mejores teléfonos que el iPhone, pero éste ya ganó el territorio mental y cuenta con más de 75 mil aplicaciones a mediados de septiembre del 2009.

La metamorfosis ocurre cuando del rechazo inicial, la iniciativa pasa a consolidarse y se convierte en un polo de atracción que ya es parte del sistema.

En este logro también hay un riesgo.

El negocio ya establecido se suma a la trayectoria actual del sistema y en cierta manera se protege de los nuevos emprendedores. El problema es que por esta misma razón puede caer en complacencia.

Por eso es tan crítico que el emprendedor preserve, nutra e incluso acrecente su entusiasmo; esto es un bálsamo contra los constantes "no". Es que el entusiasmo es la materia prima del emprendedor; su etimología lo dice todo: del griego que significa "estar lleno de dios" o "de inspiración divina" (en + theos).

Bajo esta perspectiva no puede haber algo mejor que emprender y vivir con entusiasmo.

PD: Si te interesa el tema, checa la columna previa: "El terco y la suerte".

Minuto a minuto

Horacio Marchand

Los exitosos rara vez tienen la humildad de creer en la suerte; sólo creen en ella cuando les va mal.

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