Ideako y su Mente Voladora Parte 14 y FINAL

Ideako y su Mente Voladora Parte 14 y Final
Memorias, Confesiones, Invenciones, Alucines

(Esta es una historia ficticia con toques de realidad, y/o una real con toques de ficción, que fue escrita hace más de una década...... como antecedente, lee la parte 1 de esta serie)

Del Ser, el Destino, los Genes y la Conducta

Cuando los Titanes -precursores de los Dioses del Olimpo- mandaron a Pandora a la tierra, le encomendaron una caja que le prohibieron abriera.

Naturalmente la curiosidad le ganó y la abrió.

Salieron destapados, males, maldiciones y enfermedades que rápidamente se esparcieron por el mundo.

Pandora se llenó de pánico y cerró la caja con prisa pero era demasiado tarde. Todos los males fueron liberados excepto uno que no alcanzó a salir.

Se trataba de la esperanza.

¿Qué hace la esperanza en medio de una caja infestada de males?

Es que la esperanza es estéril, inútil, ilusoria; cuando menos eso afirmaban los griegos.

La esperanza no tiene remedio frente al destino. Es una fantasía eso de querer comandar la vida de uno mismo. El destino está escrito y sólo es cuestión de tiempo para que se manifieste.

Ahí está el pobre de Edipo -que siempre lo ponen de ejemplo- que luchando contra todo terminó envuelto en lo irremediablemente  trágico de su destino.

Aunque no todo lo que tiene que ver con destino es trágico, también hay destinos triunfales y magnánimos.

Hablar del destino, o del determinismo biológico que más adelante señalaré, molesta a la gente. Molesta la idea de que estamos indefensos, impotentes y atados de las manos para autodeterminarnos.

La asociación inmediata del destino es que acaba con el libre albedrío, que aniquila la fuerza de voluntad y la posibilidad de mejorarnos.

Pero existe la posibilidad, o eso queremos creer, de que el libre albedrío coexista con el destino, porque el destino se limita a decir lo que va a pasar y le toca a la persona si lo ejerce o no.

Esto va a ocurrir.

No, más, no, menos.

Claro que hay ambigüedad y la ambivalencia fascinante.

La esperanza es lo último que muere, si, pero en la visión griega la esperanza nunca debería de haber existido.

Okay. Si el destino es tan contundente, ¿dónde fregados quedó el mío?

¿Por qué no aparece, por qué no me dice, por qué no me orienta?

Y le pregunto: ¿Por qué te eludes destino?

Y cuando por fin siento que lo tengo y lo entiendo, se escurre como arena fina entre mis manos.

Nietzsche escribió que el destino te grita silencioso y te reclama todos los días de tu vida. Que te jala como una fuerza invisible hacia él, que te arrastra; pero no se revela ante ti. Si se acaba el misterio, se acaba la vida. Una vida binaria no es vida.

Aunque sería mucho más fácil que el destino se manifestara ante mí y yo sólo lo guiara con palmaditas en los hombros.

Nos acompañáramos mutuamente por el camino de la vida. Sumaríamos, hablaríamos, seríamos amigos.

Pero mi destino no quiere o no sabe como entablarse conmigo. Cree que su naturaleza es secreta y sorpresiva. Debe creer que si se muestra ante uno, pierde fuerza.

Pero yo, destino, te invoco.

Te invoco.

Aparece.

Tócame.

Te reto, destino, a que aparezcas.

La destino es mejor que el destino.

Te reto a que seas una bella mujer de cabellos largos, vestida con túnicas blancas, con flores en el pelo, que huelas a mujer y con destellos de jazmín y mirra; que no toques el piso y flotes a una altura mágica para que estés ligeramente arriba de los mortales comunes y te desplaces ingrávida, llena de gracia.

Te reto a que aparezcas y me cantes. Que me invites a bailar, que me abraces y me lleves contigo. Que hagas aparecer una leve música de fondo, que enaltezcas mis sentidos para sentir todo tu cuerpo, toda tu alma.

Te reto a que me seduzcas a pesar de que sabes que ya soy tuyo.

Si me seduces, me tocas, me inspiras y me dejas acariciarte, sabré y estaré seguro que se trata de ti.

Necesito saber que se trata de ti, porque creo que es tan malo no encontrarte, como encontrarte y no saber nunca cuando fué que viniste.

Pero, pensándolo bien, si realmente se tratara de tí destino, entonces para qué me preocupo porque la condición del destino es que llega y se cumple.

Llegará.

Será.

La Genética

La alternativa brusca a mi musa-destino son mis genes que me tienen dominado.

Si en su tiempo Darwin escandalizó al afirmar que somos hermanos de los simios, hoy en día el escándalo tiene que venir de la Neurociencia.

La Neurociencia explica al cerebro ligado al sistema nervioso y la realidad personal de cada individuo en el planeta.

Así como en el caso del destino, la Neurociencia causa incomodidad, incluso miedo.

Da miedo la posibilidad de que todo lo que somos, lo que creemos, lo que hacemos, y en general, cómo nos va en la vida, depende de nuestra estructura biológica y el ADN (DNA, en inglés).

Se puede rastrear al cerebro (su composición y su proceso) para explicar el desdoblamiento, el rol, o el guión de vida de cada persona –como si fuera una película o un programa de software.

Si eres una persona agresiva, tímida o maleable, es que tu química así lo determina; lo mismo si eres pasivo, acelerado, introvertido o extrovertido; si conquistas en los negocios, al sexo opuesto, acumulas poder y dinero, dale las gracias a tus genes.

Incluso esa luz blanca y brillante que dicen ver los que se mueren por instantes y regresan a la vida, no es el paraíso de luz o el cielo lo que están viendo, sino simplemente ocurre una reacción química cuando el cerebro se está apagando, y ya.

La Neurociencia exalta la supremacía del determinismo biológico apoyándose en herramientas de medición con nombres extraños: tomografía axial (PET), resonancia magnética (RMF), espectroscopia por resonancia magnética (ERM) entre otras; que permiten observar el funcionamiento del cerebro con una claridad impresionante, analizar al cerebro en tiempo real, y explicar su desempeño frente a estímulos, o bien, su condición propia.

Incluso hay un neurocientífico que asegura haber inventado un “casco” que al colocárselo cualquier persona y al conectarle unos electrodos al cráneo, puede determinar –en segundos- su Coeficiente Intelectual y buena parte de su personalidad.

Este relajo del determinismo biológico se disparó cuando un psiquiatra australiano de apellido Cade, administró accidentalmente litio a un paciente que llevaba 20 años encerrado en una clínica.

A los 3 meses lo dieron de alta al exhibir un comportamiento normal; el problema de décadas quedaba resumido a lo que alguien llamó como un imbalance químico.

Un tal Pinker, del MIT (Massachussets Institute of Technology) puso de moda a principios de este siglo la noción que la biología es más poderosa que el aprendizaje.

Esta idea pudiera amenazar a los valores de igualdad política, progreso social, responsabilidad personal; así como el significado y propósito en las personas, incluyendo el discurso de si Dios es consecuencia de un “chip” biológico que nos obliga a creer en algo más grande que nosotros mismos. O como dice Saramago “la intolerancia a la muerte es la Madre de Dios”. Duras ideas; controversiales.

Esta discusión no es realmente nueva.

Rousseau, afirmaba que los niños eran “nobles salvajes” que se desarrollaban de acuerdo con sus tendencias naturales.

Hans Seyle apuntaba que los humanos “civilizados” eran tan sólo cavernícolas atrapados en nuevos roles y convencionalismos sociales, y que las dos formas primordiales de interacción con la vida: correr o pelear, vienen a imponerse finalmente en nuestra cotidianidad.

Entonces.

¿Yo soy mis genes y ya?

¿Yo soy mi destino y ya?

¿Yo soy mis aprendizajes y ya?

Que desmadre.

Lo bueno es que este libro ya está por acabar. Ya me ocuparé de cosas más ligeras y triviales en los próximos meses.

¿O serán años?

¿Cuánto tiempo podré descansar una vez que concluya esto?

Y para el caso, ¿qué es el tiempo? Bueno ya, basta.

Conductismo

En su forma más elemental, el conductismo frecuentemente se explica con Pavlov y sus perros que aprendieron que al sonar la campanita, venía la comida. Con el tiempo, el simple ruido de la campana los hacía salivar y emocionarse con la mera anticipación.

La premisa sobre-simplificada: somos lo que nos condicionamos a ser. Somos producto del medio ambiente, es la frase cliché.

Locke acuñó el concepto de tabula rasa –pizarra en blanco- en el cerebro, donde afirma que un recién nacido al crecer y desarrollarse va “escribiendo información”.

Décadas más tarde, Skinner cristaliza el movimiento conductual.

El niño, que todavía no sabe hablar, observa la cochera de su casa donde se estacionan los automóviles, y llora. Quiere seguir en la calle. La conexión llegar/salir ya está hecha.

Algunos aprendimos a ser rebeldes ante figuras autoritarias, otros, a ser sumisos; algunos aprendimos a disfrutar de la vida, otros, a sufrir; algunos aprendimos a reír con fuerza, otros, a moderarnos.

Y estas conductas se pueden rastrear al momento, o a la suma de momentos, donde se va conformando una conducta en función de nuestro medio ambiente.

Entonces, yo soy lo que aprendí a ser.

O soy mi destino.

O soy mis genes.

O soy una combinación de los tres.

O no soy ninguno de los tres.

¿Tiene caso esta discusión? ¿Tiene una repercusión práctica? ¿A qué viene al caso?

Trascendencia

Un psicólogo vienés, de nueva generación, dice que entre las fantasías más comunes en la población están la de que la gente nace para algo especial, y el medio a enloquecer.

Durante un tiempo, pensé que yo nací para algo. Que tenía algún destino único y especial así como algún talento de genio o un camino acordado previamente antes de nacer, con alguien del más allá, o incluso con el mismo Dios.

—Cumple tu misión en el mundo, hijo mío, que por eso te envío, para que la realices. Te encargo, mi fiel siervo, mucha suerte. Cumple tu destino. Bye.

Y el viento sopló: fuuiishhhooooohhhhhh, ssshsiisiiuussshhh, tinginiliingigninii... Las puertas del cielo se abrieron, las trompetas tocaron y nací con mi destino, con mi misión claramente señalada.

Pero ya se me olvidó…!?

¿?=)(/& $··””!*^¨Ç_:;;··&%Ç*+¨´_-

No la encuentro. ¿Dónde dejé el papelito? ¡No hallo mi acordeón, la perdí mientras descendía al mundo! ¿Cuál era mi cometido? ¿Cuál era el camino que “nací para seguir”?

Yo quiero trascender, denme un recordadita. Estoy seguro que si sigo ese gran designio, si lo redescubro, trasciendo.

Ahora pienso que se trata de una idea fantasiosa, infantil, narcisista, megalómana, inflada.

Lejos de trascender, ser famoso y especial, con frecuencia me siento intrascendente, desconocido y aburridamente normal. Otras veces me encuentro de lo más idiota y de lo más complicado, que dilapido energía sin ton ni son, que sufro con tanto masajeo de ideas.

Y está el mito de la tormenta interna: un prerrequisito a la genialidad.

Pero la realidad es otra: yo con la tormenta sí, pero con el talento no.

Eso sí es estar jodido.

En el otro extremo: un feliz intrascendente, inocente para siempre, nada complicado, poco profundo, tímidamente reflexivo.

Ahí está, míralo:

Se carcajea, hasta que tiembla; yo rara vez me río así.

La gente lo quiere, le llama tonto, a veces, pero lo quieren.

Sus hijos lo adoran, su esposa lo cuida.

No lee un libro pero cuenta historias fascinantes.

No conoce de autores, pero aquí estoy escribiendo sobre él.

No viaja pero conoce cada universo individual de la gente que quiere.

No sabe mucho pero lo suficiente.

Come, bebe, ama, goza, y sobre todo ríe.

Cuando le hablé de trascendencia se me quedó mirando. Como preguntando.

¿De dónde venimos, a dónde vamos, para qué estamos aquí?

Y él contesta que venimos de casa de su primo, que vamos a mi casa y estamos aquí para tomar otro taxi.

Le expliqué lo que era la trascendencia.

Me dijo que le recordaba a Van Gogh, o bangojj, como lo pronunciaba él, y agregó: Pobre bangojjjjj, que se cortó la oreja, pobre.

Pobre ban-gojjj.

Pobre ban-gojjj.

Pobre de mí.

Mejor ya no pienso tanto, ni extrapolo ni proyecto.

Mejor ando, camino.

No es lo mismo saber el camino que andar el camino.

Mejor andarlo.

A cada día su propio afán.

Y quiero aprender a bailar tango.

Mejor, quiero aprender a bailar salsa. Como Celia Cruz.

Del flujo constante

Todo lo que se estanca se echa a perder: el agua, la comida, los músculos, la mente, las ideas.

El agua que corre por un río se disemina, se une a otros ríos, alimenta árboles, plantas, animales y humanos. El agua que se estanca, que no circula, se contamina. Se llena de mosquitos y se colorea de verde sucio.

El cuerpo soluciona este flujo con la digestión y el procesamiento de los alimentos: toma los nutrientes, los dirige a través del cuerpo y lo que no es aprovechable lo elimina.

El espíritu lo soluciona con una postura existencial: el espíritu crece cuando se da a otros, cuando nos entregamos por completo a una causa: lo que das, regresa.

¿Pero cómo se soluciona la parte mental? ¿Cómo es el flujo, cómo circulan las ideas, cómo se absorben, se nutren, se transforman?

¿O acaso la mente absorbe todo y lo acumula?

Los sueños, podrás decir, ahí sale todo en ese proceso onírico. Pero nadie lo ha comprobado. Aparte, con un toque de tragedia, casi todos se te olvidan y los que recuerdas ni les entiendes.

Podrás decir que con la psicoterapia, en la confesión con el sacerdote, en el diálogo con otros; ahí se saca todo. Sin duda esto ayuda pero cuando tenemos a alguien enfrente te cohíbes y te limitas.

Somos lúcidos con el prójimo y ciegos con nosotros mismos. Buenos para el diagnóstico ajeno, malos para el propio.

Tal parece que la naturaleza se le olvidó proveernos de un mecanismo para que las ideas tuvieran una salida natural y se enriquezcan en el proceso.

O, como lo plantea Sabato, ¿será que al igual que los grandes reptiles se extinguieron al cambiar el entorno, los humanos quedaremos rebasados, y eventualmente inoperantes? ¿Podremos adaptarnos al cambio vertiginoso, científico y racional?

¿Somos más físicos que mentales, más emocionales que estoicos, más primitivos que civilizados, más superficiales que profundos, más limitados que expansivos?

¿Dónde meto a los fantasmas y demonios que me asustan?

¿Dónde guardo las ideas horribles y crueles?

¿Qué hago con los pensamientos “impropios”?

¿Cómo respondo a mis dudas más profundas si no me atrevo a articular la pregunta?

¿Cómo compartir mis sueños de grandeza, mis metas grandiosas, magnánimas, arrogantes?

¿Cómo confiarle a alguien mis sueños más queridos, los más pasionales y los que encienden mi espíritu?

¿Cómo decir lo indecible, conversar lo inconversable, razonar lo irrazonable, atacar lo inatacable, confesar lo inconfesable?

Yo creo que escribiendo.

Escribiendo se sana el alma, se limpia a la mente, se pulen las ideas, se mantiene, aunque frágilmente, el equilibrio.

Por eso escribo. Escribo con decisión y escribo siempre. Cargo una pequeña libreta de piel y una pluma, siempre anotando como desesperado.

Escribiendo siento que me alejo del estancamiento, que doy sentido a mis ideas, que me entiendo o que por lo menos me apaciguo.

En el ejercicio de organizar mi universo interno y mi lucha personal, siento que me libero para lidiar con mi universo externo y mi lucha interpersonal.

Tú también, ponte a escribir. Hazlo ya y verás cómo tu mente se purifica.

Escribe lo que te pasa y en la cotidianidad encontrarás sentido.

Escribe tus ideas atrevidas y fantasiosas, así como las tímidas y realistas y pronto se unirán a tu vida proveyéndote de una fuerza insospechada.

Escribe tus ideas agresivas, desalmadas, crueles y mira de frente a tu Sombra. Cuando la mira de frente la integras y creces; si la niegas acabas controlado por ella.

Escribe sobre tus miedos, tus penas, tus dolores, y verás cómo sirve de bálsamo.

Escribe y no enfermaras sin sentido.

Escribe y sanarás.

Necesitamos de un proceso: pintar, leer, bailar, declamar, escalar, correr maratones, cantar, tocar un instrumento, tejer, programar, cocinar, cuidar el jardín, montar a caballo, correr automóviles, bicicleta, nadar, yoga, llorar, reír, etc.

O una combinación de todos los procesos anteriores.

O un proceso para diferentes etapas de la vida.

El tema es entregarse a la purificación, al reciclaje, a la aventura, a dar y a recibir, a entrar y salir. Todos necesitamos de un proceso.

El mío es escribir. O por lo menos por ahora.

Quizá este sea mi destino.

Quizá este sea mi guión genético.

Quizá este sea mi condicionamiento psicológico.

Quizá ya no importe tanto.

Lo que importa es que escribí.

Y escribir tiene que ser un logro.

Se cerró un círculo.

Se concluyó un gestalt.

Qui brevi fortes iacumalur aevo multa?

DESPEDIDA: Ideako ha cambiado mucho desde hace más de una década cuando escribió esto… quizá luego se anime a continuar con su narrativa parte real, parte ficción. Gracias a los que me siguieron en este viaje extraño, raspado, fantasioso y existencial. Pienso sumar todos los capítulos de Ideako y montarlos en un e-book con algunas imágenes. Dentro de unos días transformaré al blog a algo más cotidiano y espero más divertido e informativo. Buena Jornada.

Horacio

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