Ideako y su Mente Voladora Parte 11

 

Ideako y su Mente Voladora Parte 11
Memorias, Confesiones, Invenciones, Alucines

(Esta es una historia ficticia con toques de realidad, y/o una real con toques de ficción, que fue escrita hace más de una década...... como antecedente, lee la parte 1 de esta serie)

Lugares nuevos; el mismo yo…?

Decía Swetchine: “Los viajes son la parte frívola de las personas serias y la parte seria de las personas frívolas”. Quién sabe qué quiso decir exactamente, pero lo que sí es que el viaje, el visitar otros lugares, el vivir fuera un tiempo, tiene una connotación transformadora.

Así como me fui a California con los Silverstein y me sentí curado; en cada viaje que realizaba tenía frente a mí la expectativa de obtener una nueva identidad, sobre todo mientras más largo fuera el viaje. Pero la capacidad de transformación por cambio geográfico tiene sus límites.

A los 20’s tempranos, el clásico premio era irse a Europa de mochilero, comprar un Eurail Pass para moverse en tren por el continente, tomarse fotos en la Torre Eiffel, el puente de Londres, la Torre de Pisa, en la puerta de Notre Dame; con el gondolero veneciano, con el inmóvil guardia inglés. Si se podía ligar alguna holandesa, belga o austriaca, qué bueno. Entre más rubias y altas mejor.

Yo estuve, ya hice. Palomeado.

Viajes de reventón, viajes de transformación, viajes de evolución, viajes astrales.

En una de esas veces que anduve por ahí vagando, y antes de casarme, decidí hacer una maestría en Estados Unidos.

Me inscribí en una maestría en Administración de empresas en la ciudad de Visalia, California. Fui ahí porque fue el único lugar en donde me dieron una beca. La vida de ciudad chica.

Era fascinante lo cotidiano del pueblo; nada como comerse un hot dog una tarde entre semana, mientras veía un juego de béisbol entre vecinos. Era un acontecimiento familiar, casi fraternal. El ritmo de la ciudad era tranquilo, nada que ver con Los Ángeles, la Ciudad de México, Sao Paulo o Monterrey; el clima, aparte, era increíble.

Fue una época tranquila, no era Stanford ni Harvard pero me la pasé muy bien. A veces pienso en regresar y quedarme a vivir allá con mi familia. Quizá me tope con Sharon –mi novia querida durante dos años- pero ni para qué moverle, seguramente ya se mudó de ciudad unas cuatro veces. Sharon era rubia, chapeada, pelo ondulado, alta, pecosa, con los ojos un poco abiertos de más. Ahora, décadas después, ni para qué pensar….igual y nos topamos en el aeropuerto y de golpe no nos reconocimos…?

Viaje existencialista y espiritual. Ése que la gente quiere hacer a la India, al Tíbet, a Nepal o a Egipto. La premisa es la misma: si viajo lo suficiente mi personalidad va a ser otra. Quizá en este viaje me encuentre con mis otras vidas pasadas... será?

Los que creen en la reencarnación con frecuencia citan a Egipto en sus otras vidas. Yo he pensado que fui vikingo, monje budista, escritor florentino, y de pronto tengo flashbacks de otras eras, pero creo que son más producto de las películas que he visto y los libros y comics que he leído. Tengo una sobrina que dice que son imágenes puestas por un ser superior para ayudarnos a sortear la vida actual, really?

En una de esas, terminé visitando Dharamsala, en la India, tratando de aprender de los descendientes de los monjes que huyeron del Tíbet cuando la ocupación china en 1959. Me motivó mucho el libro El Tercer Ojo, de Lobsang Rampa, que hablaba a detalle de su niñez y fue internado en un monasterio en Lhasa porque creían que él era la reencarnación de un gran maestro.

Quise explorar aquel mundo de austeridad y meditación, pero no duré ni tres meses. No me quise rapar, me moría de frío, de hambre y aburrimiento. Quizá yo no era tan espiritual como lo había creído, quizá al mentor que me asignaron le caí mal y tenía la misión de echarme del lugar lo más rápido posible. Me fui de ahí frustrado porque yo no era lo que creía o lo que quería ser en ese tiempo.

Después me enteré de que Lobsang Rampa, el escritor que me inspiró tanto sobre el budismo tibetano, era en la vida real un plomero londinense que nunca había visitado el Tíbet, y mucho menos un monasterio tibetano.

Tanto escándalo que hice cuando anuncié en una fiesta que iba a Dharamsala a internarme por tiempo indefinido en un monasterio. Vi con satisfacción la cara de asombro de mis amigos y amigas, la angustia de mis padres y de mi novia, pero estaba convencido que yo era especial y tenía una misión más allá de este banal mundo material.

Pero aquí estaba de regreso, con la cola entre las patas y los hombros encogidos.

No pude vivir en carne propia los libros de transformación espiritual. Podría contar tremendas historias una vez que llegara pero no sabía cuánto tiempo sería capaz de mantener las apariencias; tarde o temprano la máscara tendría que caer. Desde el punto de vista de la vida interior, regresaba casi igual a como me había ido; si acaso, más humilde.

Una tarde en la sala, en una siesta de perro de esas en las que pierdes la conciencia, experimenté un viaje astral. He tenido varios de ésos en los que sientes que se desprende tu alma del cuerpo y he llegado a tocar el techo, las rejillas del aire acondicionado, me he metido debajo de la cama y merodeado por ahí.

Pocas veces me he podido salir del cuarto y nunca, que yo recuerde, he podido viajar para ver a un ser querido en otra ciudad o en otro plano existencial. Curiosamente, desde que dejé de tener la intención de hacer viajes astrales, cesaron por completo. No sé si los sigo teniendo y simplemente es mi conciencia la que se desconectó.

Pero después de tantos tipos de viajes, de residencia en otros lugares, de la búsqueda espiritual y la breve incursión a los viajes astrales, yo me sentía muy igual, plain vainilla.

Un pensad or francés discutía hace varios siglos sobre la caja que tiene presa al alma; que lo animal de nuestro ser era el carcelero del espíritu y que, por pecadores, teníamos que limitarlo al estar encarnados.

Me pregunto qué estaría haciendo si el alma no tuviera esta caja biológica.

¿O es la caja biológica justamente la que fabrica al alma?

En ocasiones me he sentido muy diferente a los demás. ¿Tú? Como que no pertenezco, no sé qué, ni para dónde ir, y menos de dónde vengo. A veces siento que voy a amanecer y estaré en otro mundo, o que mientras dormía estuve en otro mundo lejano y que gracias a la física cuántica y los hoyos negros espaciales, voy y vengo como si nada.

Algunos científicos teorizan sobre la posibilidad de que hace miles de años los extraterrestres “plantaron” humanos cuando su planeta coincidió con el nuestro en una remota órbita que ocurre cada dos mil años. Es decir, quizá venimos de otro planeta o estrella que por una pequeña ventana en el tiempo coincide en el espacio con la Tierra.

De otro planeta o no, lo que sí es que somos nómadas. Nómadas desde que viajamos constantemente a 1,670 kilómetros por hora sobre nuestro propio eje y a 107.244 kilómetros por hora alrededor del sol. Nos movemos siempre. Nunca estamos quietos. Y esta reflexión en el nivel macro se aplica al nivel micro.

Estamos compuestos por millones de células independientes y que tienen vida propia. Es un colectivo que cambia siempre. Nada se queda nunca igual. Además en nuestro cuerpo se encuentran componentes estelares, uniéndonos en uno con el Universo.

Física cuántica, ondas y partículas; pero en lo que más pienso es en mis tiempos de la maestría en Visalia. Sería el lugar, la edad, el contexto, o quién sabe. Pero sin tanta complejidad, sin tanto cuestionamiento, apaciguado, me dediqué a disfrutar en grande: béisbol entre semana, hot dogs con pepinillos, árboles frondosos, la expresión de Sharon, el clima, los amigos, la maestra Meredith, el ambiente. Siempre sonrío cuando recuerdo a Visalia, como ahora mismo.

Hay riqueza en el ir de aquí allá, pero a donde vas, te llevas a ti mismo.

El viaje ilustra, pero lo que te cambia es el tiempo.

.........Parte 12 en 15 días

 

Descarga de Ebooks

  • 1
  • 2

Minuto a minuto

Horacio Marchand

La estrategia está donde se invierte tiempo, dinero y atención; es lo que se hace todos los días.

by Horacio Marchand