Ideako y su Mente Voladora Parte 9

Ideako y su Mente Voladora Parte 9

 

Memorias, Confesiones, Invenciones, Alucines

 


(
Esta es una historia ficticia con toques de realidad, o una real con toques de ficción, y que fue escrita hace más de una década......como antecedente, lee la parte 1 de esta serie)

 

 

El Zombie

 

El desplome. Así le llamo a lo que, en ciertas épocas de mi vida, me ocurre en las noches y los fines de semana, sobre todo el Domingo. El desplome es cuando llego al sofá reclinable, pido de cenar y me quedo hipnotizado frente a la televisión. No quiero hablar.

 

 

Mi esposa amablemente me quiere hacer plática, comentar sobre los niños, de los maestros, del jardinero o simplemente quiere que la escuche. Pero no tengo ganas.

 

Me quiero perder en la televisión.

 

 

A veces tengo un impulso extraño por levantarme, de flotar en cámara lenta y, nadando en el aire con firmes brazadas, adentrarme en el televisor. Ahí me pondría a luchar al lado de Jackie Chan, Blade y Bruce Lee; bailaría con Britney Spears, Shakira y Madonna; estaría en lasfiestas de Hugh Hefner en su mansión; cantaría en algún programa de MTV y me iría a otras partes del Universo con Kirk, Spock y Picard.

 

 

Pero no puedo meterme al televisor. De entrada no quepo. Necesito bajar de peso.

 

 

Dicen que el trabajo enaltece al espíritu pero a veces me siento como aniquilado. A veces me siento como un zombie. Un zombie es un tipo de ejecutivo que deambula por las oficinas sin dirección y sin energía. Está tan ocupado con la rutina que ya no piensa. Todo es lo mismo y la pasión parece haberse ido para siempre.

 

 

Un zombie es el guerrero domado que dejó de luchar. La vida se le impuso y lo tiene atrapado con la inercia. Su objetivo primordial es pasar y sobrevivir el día. En la noche el estado parece persistir: llega a casa, saluda, charla un poco, cena algo y ve mucha televisión.

 

 

El zombie no sabe cuándo dejó de ser un guerrero. Quizás fue desde que era niño, cuando un maestro insensible se burló de él por hacer preguntas “tontas”. Quizás fue un jefe que lo reprimió por mostrar demasiada iniciativa. O quizás fue el simple hecho de que se animó a decir la verdad en un ambiente políticamente desfavorecido. O quizás fue una combinación de todo lo anterior.

 

 

Está siempre tan ocupado y lleno de trabajo que no le da tiempo para nada más: ni para pensar ni para cuestionar sus propias acciones ni para asimilar los problemas y las personalidades de los miembros de su familia; no tiene tiempo para explorar su vida interna.

 

 

Un zombie no cuestiona. Nada lo mueve. Las opciones se desvanecen. Está atrapado en la unidimensionalidad. Del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. De sus hobbies ya no queda nada. No le queda energía ni para eso.

 

 

El trabajo parece ser el escondite perfecto para una vida emocionalmente mediocre y el refugio moderno aceptado. Ah, está trabajando. Oh, tiene problemas. Pobre, trae mucha presión. Bebe porque está agobiado. Ignora a los hijos, pero no es para menos.

 

 

En el mejor de los casos la vida familiar se parece a la de trabajo. Se está con la familia pero no se hace contacto real. Se queja la esposa, los niños piden y preguntan y la actividad familiar se limita a resolver los pendientes para que desaparezcan y dejen en paz al señor.

 

En el peor de los casos, la familia se convierte en víctima. El zombie que de pronto despierta de la peor de las maneras y arremete y persigue a la familia en función de que se siente hueco, frustrado y lo peor, vencido.

 

 

Un zombie no tiene balance de vida y pocas cosas lo entusiasman. Está anestesiado y tiene una confusa definición del éxito. A pesar de su éxito en lo material, de su elevado nivel social, de pertenecer a un club deportivo, de tener a sus hijos en buenos colegios, el zombie no se siente bien. Siente un vacío que lo carcome lenta pero inexorablemente por dentro.

 

¿Por qué se sentirá mal si le va bien?

 

 

El zombie se deja llevar. A veces porque no le queda otra; a veces por comodidad, a veces simplemente por cansancio.

 

 

No quiero ser un zombie. Tampoco un Don Quijote, tampoco un Plutarco, pero menos un zombie.

 

 

El Antizombie

 

Debe de haber algún antídoto contra el zombismo. Algo que te haga inmune, que te cure, que te haga fuerte para resistir sus embates. Si lo hubiera me lo tomaba y ya. El dinero está entrando, soy muy bueno en lo que hago, ya le entendí al negocio y cómo manejar los rituales corporativos, pero el zombie lo traigo cerca. Me asusta, ¡buuuhhhh! de repente. No lo quiero cerca y menos dentro. Por eso tiene que haber algo que se pueda tomar y ya.

 

 

Hay pastillas para todo: para el dolor de cabeza, para las espinillas, para la depresión, para la presión alta, para la angustia crónica, para la impotencia sexual, para quedarte despierto, para dormirte, para el estómago, para las alergias, para las infecciones. ¿Por qué no una contra el zombismo?

 

 

Yo he sido un zombie varias veces y, hasta ahora, me lo he podido sacudir. Pero el zombie habita en tí sin que te des cuenta, ésa es una de sus características, es como la gripe de la que nunca te acabas de librar totalmente; es silencioso, te domina por su camuflaje. Te engaña diciéndote que todo está bien. ¿Yo zombie? No, para nada, para nada, zzzzzzo...

 

 

De una cosa sí estoy seguro: que para no ser zombie lo primero que se tiene que hacer es admitir la posibilidad de convertirse en uno. Negarlo es darle fuerza.

 

 

A veces se necesita un golpe que nos haga reaccionar, electrochoques a un espíritu cansado que se niega a latir, confrontaciones directas a la esencia personal.

 

 

Se tiene que hacer algo para salir y romper el estado zombie.

 

 

Cambiar la actitud no basta. Una actitud no cambia un comportamiento;un cambio de comportamiento sí cambia a la actitud.

 

 

No puedes seguir haciendo lo mismo. No. No. No. Hay que ponerse a pedir al Cosmos, a los Dioses, al prójimo, a quién y lo que sea....por qué no? Hay que buscar, procurar, emprender, y quizá lo más poderoso: renunciar a lo nocivo, a lo tóxico, para liberar energías y recursos; lo que sea, pero hacer algo ya. Si no hacemos algo, el zombie acabará por comernos y no podremos distinguirlos de nuestra propia persona porque ya no será un invasor, sino uno mismo con nosotros.

 

 

Hartarse es bueno. Satúrate, llora, patalea, maldice. No te detengas, absorbe el impacto como si fueras Supermán ante la Kriptonita. Lo que sigue del hartazgo seguramente será la acción o la destrucción de un viejo esquema limitante. Si no pasa algo así, se sucumbirá ante el zombie y al mundo de los muertos en vida.

 

 

En el rompimiento está un nacimiento.

(Parte 10 en 15 días: Del Viaje)

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Horacio Marchand

La estrategia está donde se invierte tiempo, dinero y atención; es lo que se hace todos los días.

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